martes 18 de octubre de 2011

Prosa


La sutil iridiscencia de todas las cosas se apoderó de mí, me volví a ellas, me miré desde allí/vuelta la vista a la pared y de la pared a la ventana, las cosas me miraron en sí
/Fluyó el mundo sobre un manto de nieblas y su risa, su risa lloró adentro del alma/ y hubo un estallido sin piedad/ un golpe a mi sentido de lo eterno/ las cosas ya no deseaban su apariencia habitual, se vestían a cada instante de nuevos silencios

Julián Negromanti
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